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¿Son
las crisis periódicas una consecuencia
inevitable de la globalización? |
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La
sucesión de crisis financieras de los años noventa --México,
Tailandia, Indonesia, Corea, Rusia y Brasil-- llevan a
pensar que algunas de ellas son el resultado directo e
inevitable de la globalización. En realidad, cabe
preguntarse si, tanto en las economías avanzadas como en
las economías de mercados emergentes, la globalización
crea mayores dificultades para la gestión económica.
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¿Se
ve menoscabada la soberanía nacional en
la
formulación de las políticas debido a la
globalización?
Cabe
preguntarse si una mayor integración,
sobre todo en el ámbito financiero, hace
más difícil para la gestión de la
actividad económica, por ejemplo, al
limitar las posibilidades de elección de
las tasas y sistemas impositivos, o la
libertad de acción en la política
monetaria o cambiaria. Si se supone que el
objetivo de los países es lograr un
crecimiento sostenible, acompañado de
baja inflación y progreso social, la
experiencia de los últimos 50 años
muestra a las claras que la globalización
contribuye a la consecución de este
objetivo a largo plazo.
Como
hemos visto en los últimos años, la
volatilidad de los flujos de capital de
corto plazo puede comprometer la
estabilidad macroeconómica en el futuro
inmediato. Por lo tanto, en un mundo en
que los mercados financieros están
integrados, los países verán que es cada
vez más peligroso seguir políticas que
no promuevan la estabilidad financiera.
Esta disciplina se aplica también al
sector privado, para el que será más difícil
aumentar los salarios y los precios si
como resultado el país pierde
competitividad.
Existe
también un riesgo de otra naturaleza. A
veces, los inversionistas -sobre todo los
que operan a corto plazo- se confían
demasiado en las perspectivas de un
determinado país, que puede así seguir
recibiendo flujos de capital aun cuando su
política económica se haya apartado
demasiado de la disciplina necesaria. Esta
situación expone al país al riesgo de
que, frente a un cambio de opinión, se
produzca un éxodo de capitales.
En
resumen, la globalización no reduce la
soberanía nacional. Crea fuertes
incentivos para que los países apliquen
políticas económicas correctas. También
debería crear incentivos para que el
sector privado evalúe cuidadosamente los
riesgos. No obstante, los flujos de
inversión de corto plazo pueden ser
excesivamente inestables.
En
el marco de las tareas en curso para
reformar la arquitectura financiera
internacional, es indispensable lograr una
mayor estabilidad de los flujos
internacionales de capital. En este
sentido, algunos se inquietan ante la
posibilidad de que la globalización entrañe
la abolición de las normas que rigen o
limitan la actividad económica. Cabe
recordar sin embargo que uno de los
objetivos básicos de los trabajos sobre
la arquitectura financiera internacional
es establecer normas y códigos basados en
principios internacionalmente aceptados
que puedan aplicarse en muchos contextos
nacionales diferentes.
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Obviamente,
si las economías no hubiesen estado expuestas a los
mercados mundiales de capital las crisis no se habrían
producido de la misma manera, pero las tasas de
crecimiento económico de estos países tampoco habrían
llego a niveles tan excepcionales sin estos flujos de
capital.
Estas
crisis fueron complejas debido a que fueron el resultado
de la interacción de las deficiencias de las políticas
nacionales y las del sistema financiero internacional. Los
países y la comunidad internacional en su conjunto están
tomando medidas para reducir los riesgos de que se
produzcan crisis en el futuro.
A
escala nacional, aun cuando varios de los países habían
logrado excelentes resultados económicos, no estaban
plenamente preparados para hacer frente a las conmociones
que podían propagarse a través de los mercados
internacionales. La estabilidad macroeconómica, la
solidez financiera, la apertura de la economía, la
transparencia y la buena gestión son igualmente
condiciones esenciales que los países deben reunir para
participar en los mercados mundiales. Cada uno de los países
afectados adolecía de deficiencias en uno o más de estos
aspectos.
A nivel
internacional, se quebrantaron varias líneas de defensa
importantes contra las crisis. Los inversionistas no
evaluaron adecuadamente los riesgos. En los principales
centros financieros, las autoridades de reglamentación y
supervisión no efectuaron un seguimiento suficientemente
atento de la evolución de la situación. Además, la
información sobre algunos inversionistas internacionales,
sobre todo de instituciones financieras extraterritoriales,
era insuficiente. En consecuencia, los mercados se
mostraron proclives a un "comportamiento de rebaño"
que provocó cambios repentinos de la actitud de los
inversionistas y rápidos movimientos de salida o entrada
de capitales, sobre todo de flujos financieros de corto
plazo.
La
comunidad internacional está respondiendo a las
dimensiones mundiales de la crisis mediante un esfuerzo
continuo por fortalecer la arquitectura del sistema
monetario y financiero internacional. El objetivo básico
es lograr que los mercados funcionen con más
transparencia, equidad y eficiencia. Al FMI le cabe un
papel central en este proceso, que se analiza con más
detalle en otras hojas informativas
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