A
medida que el proceso de globalización ha avanzado, las
condiciones de vida (sobre todo medidas utilizando
indicadores amplios del bienestar) han mejorado
apreciablemente en casi todos los países. Sin embargo,
los más beneficiados han sido los países avanzados y
sólo algunos de los países en desarrollo.
El
hecho de que la brecha de ingresos entre los países de
alto ingreso y los de bajo ingreso se ha ampliado es
motivo de inquietud. Y el número de personas que, en el
mundo entero, viven en la miseria extrema es profundamente
preocupante. Sin embargo, es erróneo concluir sin más
que la globalización ha sido la causa de esta divergencia,
o que nada se puede hacer para mejorar la situación. Por
el contrario: los países de bajo ingreso no han podido
integrarse a la economía mundial con la misma rapidez que
los demás en parte debido a las políticas que han
decidido aplicar y en parte debido a factores que escapan
a su control. Ningún país, y menos aún los más pobres,
puede permitirse quedar aislado de la economía mundial.
Todos los países deberían tener como objetivo reducir la
pobreza. La comunidad internacional debería esforzarse
--fortaleciendo el sistema financiero internacional a
través del comercio exterior y de la asistencia-- por
ayudar a los países más pobres a integrarse a la
economía mundial, a acelerar su crecimiento económico y
a reducir la pobreza. Esta es la mejor forma de garantizar
que todas las personas de todos los países se beneficien
de la globalización.